¿Es bueno que una empresa se financie con bancos?

 

Hace un tiempo nos visitaron en nuestras oficinas dos empresarios que tenían una empresa con años de antigüedad en el mercado y su negocio aparentemente sano y próspero. Conversando con ellos nos comentaban que básicamente la actividad la financiaban desde sus inicios con fondos propios y que hasta el momento no habían accedido a ningún tipo de financiamiento (a pesar que los propios bancos les ofrecían).

Seguimos conversando y nos mencionaban que en el corto plazo perdían negocios muy rentables porque no querían financiarlos con dinero propio a pesar de que podían financiarse en el mediano plazo con bancos.

Financieramente se estaban perdiendo de obtener flujos de corto plazo por no financiarse en el mediano plazo por medio de instituciones financieras.

Esta historia es algo común en Uruguay, pero no solo es un mal negocio económico-financiero, sino que también fiscal.

En 1963 Modigiliani y Miller (MYM 63) corrigen su teoría e incorporan los impuestos y su influencia al análisis. Ellos llegan a la conclusión de que cuando una empresa se financia con endeudamiento (y no con fondos propios) el valor de la misma aumenta ya que los intereses son deducibles fiscalmente y generan un valor de protección fiscal.

La teoría de MYM 63 es mucho más extensa, pero si lo aplicamos a Uruguay podemos ver su valor. Una empresa que se financia por medio de instituciones financieras, puede deducir fiscalmente los intereses de impuesto a la renta y el saldo del promedio bancario de impuesto al patrimonio.

En Uruguay el miedo al financiamiento bancario es algo habitual, pero las empresas que cuentan con trayectoria deberían evaluar las tasas que ofrecen los bancos antes de tomar una decisión. Se debería comparar los intereses que cobran los bancos contra la rentabilidad que se obtendría y el beneficio del impacto fiscal de financiarse.

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